
Dos fallos tiene esta película, uno al principio y otro al final: que aparece el nombre de Disney. Por lo demás, es perfecta.
Los primeros minutos de "Nemo" demuestran claramente que ver "Bambi" es una pérdida de tiempo. Nunca me cayo bien el ciervo ese. No diré que su madre mereció ser cazada, pero tampoco negaré haberlo pensado alguna vez. Aquí, en cambio, se nos presenta, con un ritmo que ya quisiera para sí muchas películas de "no-animación" la motivación íntima del protagonista en una escena con elípsis, y eso nos queda para toda la película, sin necesidad de que nadie nos cante lo que piensa durante diez minutos con música de Elton John.
A partir de ahí, todos los clásicos del género invertidos: la gran búsqueda, el viaje en pos del conocimiento realizado no por el tierno infante, sino por su neurótico padre que, catársis tras catársis, aprenderá la lección más difícil: Dejar ir.
Las voces demuestran por qué es mala idea dejar a la estrella de turno hacer el trabajo de un actor de verdad: Cuando haces la película sabiendo quién va a poner la voz, el resultado es muy distinto a doblar (diré esta vez que el doblaje en español se deja oir sin demasiado asco. Aún así, siento lástima por el que haya tenido que hacer el trabajo de Willem Dafoe)
¿Qué más se puede decir? ¿Que los personajes son una delicia? ¿Que escapamos de los arquetipos manidos para hacer justicia a un público que no son solo niños poco brillantes? ¿Que todo es tan humano que dan ganas de hacerse pez?
Buscar a Nemo es no buscar a nadie. Una búsqueda así sólo puede acabar encontrándose a uno mismo.
